martes, 15 de junio de 2010

Test de Rorschach

Traigo a esta espacio un artículo de Isabel Agüera en el Diario Córdoba. En demasiadas ocasiones centramos la atención en clasificar a las personas; nos estamos perdiendo lo genuino, lo irrepetible y la magia que encierra cada persona. De nuevo quiero señalar la importancia de la creatividad y coincido en esto (como en tantas otras cosas) con mi amiga Isabel (a la que admiro también por su destreza para dar forma a sus pensamientos mediante las palabras).



15/06/2010 ISABEL Agüera

¿Que le suena pero no cae ahora en los referidos tests de Rorschach? Con dos palabras se lo recuerdo: son esas láminas con manchurrones que muestran algunos doctores, cuando tratan de psiquiatrearnos . Pues sí, yo pasé por ellas. ¿Que ve aquí? ¿Y aquí? Mi respuesta invariable: No veo nada. Efectivamente, algo saltaba a la vista pero no estaba dispuesta a ser fotocopia verbal de manoseadas interpretaciones. Mosqueado y con una mijita de mala leche el afamado doctor intentó descolocar mi aparente insumisión. Con un folio en blanco y gran ironía, me repitió: ¿Y aquí ve algo? ¡Uy! -exclamé-. ¡Ahí sí que veo! Veo todo un universo de posibles creaciones. Ipso facto recibí el alta médica: No necesita medicinas; le basta con un camión de folios en blanco. Y creo que, por primera vez, los milagrosos tests pesaban toneladas sobre su lujoso bufete. Sí, un folio en blanco es la vida de todos y cada uno pero nos resulta más cómodo ir superponiendo lo que piensan, opinan, celebran los demás, aunque se trate de manchurrones. ¿Qué más da si lo ha dicho mi político favorito, mi cura, mi programa, mi portero, mi prensa-? Porque, ¡claro!, si es el otro, todavía emborrascamos más. Y nuestro folio en blanco sigue esperando que estampemos en él nuestra marca de identidad. Alguien me decía que para qué iba a pensar si ya todo estaba pensado. Y le irritaba que me sublevara con los filósofos, por ejemplo, convencida de que cada uno puede filosofar, apartar los nubarrones que alguien nos pone cada día para eclipsarnos el sol y dejarnos a oscuras, aceptando, como verdad incuestionable, lo que nos echen. Y digo yo que qué pena dejar dormidas o muertas todas esas facultades que tenemos para mandar a paseo los rocharse y ver con luz propia, con objetividad, qué es de nosotros y de nuestro mundo. Seguro que las altas médicas nos lloverían.

* Maestra y escritora