viernes, 24 de abril de 2009

Las competencias básicas: ¿qué hacemos en la escuela?

En estos días no paramos de oír y de hablar sobre las competencias básicas. Tras una aproximación elemental a este concepto la impresión general suele ser (salvo excepciones) de consenso y acuerdo sobre la conveniencia de desarrollarlas en los centros educativos. ¿Quién puede no estar de acuerdo en la necesidad de que el sistema educativo prepare para la vida, para poder desenvolverse en la sociedad y llegar a ser un buen ciudadano?

Llegados a este punto, es inevitable hacerse otra pregunta: ¿estamos preparando a nuestro alumnado para que sean competentes? Veamos:

1.- Para ser competentes hay que ser capaces de aplicar todas las herramientas de que dispone una persona para dar una respuesta adecuada ante una situación real. Pero, ¿se orienta el proceso de enseñanza-aprendizaje hacia este objetivo? ¿Qué meta se propone el profesorado al impartir sus clases, que aprendan la materia o que les sea de utilidad?

2.- Los contenidos del currículo actual, ¿garantizan formar personas competentes? ¿Sobran algunos contenidos y faltan otros? ¿No es cierto que algunos contenidos sólo tienen como finalidad servir de base para seguir aprendiendo otros de nivel superior, y así sucesivamente...?

3.- Cuando una persona termina su formación académica, supongamos que hasta la obtención de un título universitario, ¿es competente para desarrollar su profesión y manejarse en la vida o tendrá que aprenderlo posteriormente por el método de ensayo-error?

4.- ¿Podríamos decir que ser competentes es equivalente a saber utilizar nuestra capacidad de razonamiento de manera adecuada, además de disponer de un nivel suficiente de conocimientos, destrezas y habilidades? ¿Se centra el sistema educativo en ello? Es decir, las actividades, ejercicios o tareas que proponemos a nuestros alumnos y alumnas, ¿potencian el desarrollo del pensamiento y la inteligencia?

5.- ¿No estamos incidiendo en exceso en la acumulación de contenidos y el almacenaje de conocimientos, en detrimento de otras destrezas, tales como la búsqueda, selección, análisis y uso de los mismos? ¿Quién es más competente, el que tiene más información almacenada en su cerebro, o aquel que es capaz de recabar la información, seleccionarla y organizarla para utilizarla cuando la necesite?

Entonces, ¿podemos seguir haciendo lo mismo en nuestras aulas o habrá que empezar a trabajar de otra manera?

Ahí queda la reflexión para que cada cual saque sus propias conclusiones.